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De EL GRECO a PICASSO,
o cómo transformar las instituciones
El entierro del Conde de Orgaz: una visión
iconoclasta
El entierro del Conde de Orgaz puede ser un buen ejemplo de una
organización cuya plantilla está dividida en dos grandes
bloques: arriba encontramos un conjunto de altos directivos alrededor
del director general, todos ellos atentos a sus directrices. Es
una esfera de poder inalcanzable, a menos que se acepte pasar por
un duro trance. Abajo, un conjunto de trabajadores de distinta cualificación,
divididos a su vez en tres subgrupos: los de mayor rango, soportando
un gran problema; uno de rango medio, solicitando ayuda a la dirección,
y el resto, compungidos y en actitud pasiva; está asumido
que la alta dirección proporcionará alivio y gratificación
a todos, aunque para ello haya que enterrar previamente
el problema.
Sin embargo, el cuadro en sí representa una buena organización:
lo roles están claramente definidos, cada uno está
en su sitio, los matices están óptimamente distribuidos,
el conjunto es armónico, estético y atractivo. Podríamos
decir, no obstante, que se trata
de una organización "pesada" y estática,
con predominio de los tonos oscuros, una clara subocupación,
pasividad, carencia de objetivos y de procedimientos, estética
desfasada...
Pastoral, la alegría de vivir
Esta organización presenta un estilo muy diferente:
nos encontramos con un director general que interpreta una melodía
y marca la pauta, la plantilla la interpreta
de acuerdo con sus habilidades / capacidades, los empleados adoptan
diferentes roles en beneficio del resultado final y además
han incluido en su propio espacio elementos del entorno que se integran
en
el conjunto y enriquecen la organización.
También en este caso estamos ante una buena organización:
no se marcan los roles, sino la melodía; toda ella está
llena de colorido y de vida, es dinámica y abierta al exterior,
todos los empleados trabajan por el mismo objetivo... y se divierten.
El resultado final es subyugador.
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